Holywater @ Costello 14/05/2011 Contra los elementos: actitud

Soy madridista. Y casi, casi  que Mourinhista también. Pero ayer, mientras veía retorcerse a los tres componentes “disponibles” de Holywater sobre el escenario de la Costello, me asaltó un pensamiento que derivó en reflexión y que acabó por crearme dudas existenciales: “Si es un grave contratiempo que te falte un tío en un equipo de 11, no veas lo que tiene que ser que te falte en uno de 4 miembros”.  Pues no. A pesar de los pesares, asistimos atónitos a un espectáculo vitamínico de alto nivel, donde la banda gallega liderada por Ricardo Rodríguez, lejos de lamentarse porque un accidente de tráfico (afortunadamente sin consecuencias graves para Martín Alonso, guitarrista) les había dejado mermados, demostraron que saliendo al ataque con lo que tengas, a veces se gana. Y por goleada. Así que queda demostrado que olvidarse de las excusas es una buena terapia para superar las adversidades. Luego recobré la cordura y me di cuenta de que esto no es fútbol, qué leches: al Barça se las ponen que ni a Fernando VII…o a uno de esos.

Holywater es de esas bandas que te reconcilian con el panorama musical patrio, demostrando que la calidad no es una cuestión genética ni patrimonio exclusivo anglosajón. Si cerrásemos los ojos no sabríamos adivinar que estos chicos son de Lugo.

Salieron, saludaron y empezaron dando a diestro y siniestro, de un palo y de otro, desde reminiscencias grunge con guitarras rabiosamente brutales, hasta melodías que podrían haber sido un himno pop de mediados de los 90. Canciones con riqueza armónica y no exentas de potencia, perfectamente tarareables pero sin rendirse a lo comercial, capaces de gustar al más macarra y a una cohorte de quinceañeras. Piezas absolutamente maestras como “Too many lies”, “Try”, “Similar” o “Never be broken” hicieron las delicias de los asistentes, que reventaron la céntrica sala madrileña. Y sin bajar lo más mínimo en intensidad durante todo el repertorio. Especialmente llamativa, por destacar algo por encima del resto, fue el despliegue vocal del frontman, que rajó su garganta en cada estribillo como si le fuese la vida en ello, haciendo gala de una entrega que no se ve en cualquier concierto. Actitud le llaman. Demasiado le aguantaron las cuerdas de la guitarra, que terminaron por rendirse justo antes del último tema, sin bises porque, efectivamente, como bien recordó Ricardo, son un paripé innecesario. Y Holywater dejaron bastante claro en la noche de ayer que no habían venido a Madrid para paripés. (Publicado en http://www.buscamusica.es)

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