Deerhunter: montería intergaláctica

Buscando minuciosamente en los alrededores de La Riviera tras el concierto de ayer, no parecía quedar ningún rastro de nave espacial alguna. Pero me consta que ayer hubo alienígenas cerca. Lo sé, los vi. No hay lugar a dudas: su aspecto, su halo, su pose, su sonido…todo tenía algo de onírico e irreal. Empezando por Bradford Cox, líder de la banda, cuya extraña enfermedad (padece el Síndrome de Marfan) hace que parezca a partes iguales misterioso y carismático. Su delgadez extrema, combinada con su inesperada energía le convierte en un poderoso imán para las pupilas del público asistente.

El caso es que , a pesar de todo, en el escenario, al comenzar, se humanizaron bastante. Aparecieron sin más tras sus clones “Lower dens”, unos teloneros de calidad, pero quizás demasiado parecidos al grupo principal. Sin parafernalias, sin aspavientos, nada divos, casi tímidos y con un tufo shoegazer en la actitud que echaba para atrás; así despegó este cuarteto de Atlanta. Y a partir de ahí, directos al grano. Muy potentes, muy ruidosos, muy envolventes. Y sin una gota de saturación ni de distorsiones revienta tímpanos. Al contrario: ruido sutil, por contradictorios que parezcan los términos. Caos bajo control.

Desde la magnífica “Desire Lines” que inició el camino, Deerhunter ofreció todo su material, (principalmente sacado de su último trabajo “Halcyon Digest” pero con perlas de trabajos anteriores , como la estupenda “Hazel St”) sin fisuras, sin tiempo para equívocos, apuntándonos directamente a la cornamenta, como buenos cazadores intergalácticos.

Fueron tejiendo su tela con paciencia infinita y con su ya mencionada aparente frialdad, de sobra compensada con la calidez de sus guitarras, sus loops inacabables, su electricidad.  Para el anecdotario: las dos últimas canciones fueron interpretadas desde el suelo por el guitarrista Lockett Pundt (Lotus Plaza), debido a algún tipo de problema con la bandolera de su guitarra. Detalle este que volvió a sembrarnos la duda: a fin de cuentas, ¿eran humanos?

Podrían haber seguido hasta hoy con sus interminables partes instrumentales y juegos con bucles: nosotros hubiésemos estado encantados. Pero tenían que volver a su planeta.

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