Casi una experiencia religiosa (con perdón)

En algún lugar, no de Wichita, sino del centro de Madrid, nos congregamos el pasado viernes hordas de fieles buscando redención. Lugar: Sala El Sol. Sold out. Ofician: Pony Bravo. Abriendo apetito, unos impactantes y energéticos Ginferno, que pusieron a los asistentes a tono y listos para el plato fuerte.

Asistimos a una ceremonia alucinógena, no hay tiempo para equívocos: tienen la  intención de abducirnos. Es inútil resistirse, ya que desde los primeros compases nuestra voluntad queda a merced del cuarteto sevillano. Nos han inoculado su veneno, me temo que para siempre, y no queremos ni oír hablar de antídotos. El bajista ejerciendo de frontman, como una suerte de flautista de Hamelin que quisiera reclutarnos con su baile cansino y envolvente, sus compañeros rotando instrumentos continuamente para contribuir a la sensación de experiencia comunal. Todo muy fluido y cargado de dinamismo, el público baila entregado.  Desde el principio queda claro que asistimos a algo especial: las líneas de bajo hipnóticas nos van dejando claro que hay que seguir la luz, los mantras con dejes aflamencados del vocalista-chamán añaden el definitivo elemento para anular nuestra conciencia definitivamente.

Si nos vamos a lo inmediato, visualizamos a un Jim Morrison andaluz liderando a unos The Doors del siglo XXI. Y a Triana. Pero Pony Bravo son más que eso, poseen un sonido distinto, aportan un soplo de originalidad y personalidad al alcance de muy pocos. Capaces de ser solemnes al tiempo que divertidos, variados a la vez que inmersos profundamente en estilo, huyen de artificios y se centran en su tarea: adoctrinarnos en su mundo de Halleberries y Halliburtons, de raves, de guardas forestales y establos, de imaginería atemporal.

Consiguieron que compartiésemos su visión, que entrásemos con ellos en trance con las fantásticas Noche de Setas, La Rave de Dios entre muchas otras perlas extraídas de sus dos discos “Si bajo de espalda no me da miedo” y “Un gramo de fe”.

El sonido fue ciertamente impecable,  y confirmaron que son una de las propuestas más interesantes del panorama patrio actual. Casi una aparición mariana.

A mí ya me han lavado el cerebro: sí, yo quiero pertenecer a la secta.

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