Underpluggedtone

Desenvolverse fuera de contexto es todo un reto en casi cualquier disciplina.  Así que actuar ante el público y en el escenario en el que lo hicieron GSP Undertone el pasado día 18 tiene un mérito añadido.  Sin cables, sin micros, sin amplificación. A pelo. Con una guitarra acústica como único parapeto. Ante tal desafío se encontraron: un verdadero y genuino unplugged en una casa-galería de arte. Ahí es nada.
Tras los pertinentes paseos entre los pasillos plagados de obras de arte de todo tipo de una de las sedes de la asociación Tres en Suma, organizadora del evento, comenzó el concierto. Un silencio poco habitual en un acontecimiento de esta naturaleza, quizá el público era consciente de que era necesario,  se apoderó del salón donde Hans y María se disponían a desgranar una selección de sus temas. Y vaya si salieron airosos de tan atípica situación.
Una a una, desde “Anyone Else”  hasta “Summer of the senses” fueron desfilando las canciones del dúo, repletas de tonalidades graves, riffs de guitarra minuciosamente elaborados, una ejecución técnica rayando en la perfección, juegos vocales que combinaban la luminosidad que aporta una voz femenina a la deliberada profundidad, en ocasiones incluso excesiva, elegida por el cantante y compositor de los temas, unas  melodías concienzudamente llevadas a terrenos oscuros; no es en vano la coletilla Undertone, no. El setlist fue todo un ejercicio de estilo claramente definido, el problema es ponerle etiqueta a ese estilo. En cualquier caso, fue un compendio de canciones maduras y redondas, un ejemplo de actitud a veces próxima a lo que algunos llaman, desafortunadamente en mi modesta opinión, pop gótico. Poco a poco, pincelada a pincelada se fue creando el clímax adecuado entre el público y la pareja, con momentos álgidos como el creado por la impresionante “Tattoo”, un tema con una pinta de clásico que se ve a la legua y que nos dejó preguntándonos cómo sonaría grabada y arreglada en un estudio.
Summer of the senses”, quizá el tema más optimista del repertorio, fue el colofón final a una velada que destacó por su originalidad y que dejó a los asistentes con la sensación de haber asistido a un acontecimiento distinto e irrepetible, y con un muy buen sabor de (Little) boca.
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